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Vinilo parece pero vinilo no es: la invasión de los discos mutantes de jazz

Seguro que os ha pasado a todos. Entráis en una tienda de discos, o en unos grandes almacenes y de repente os encontráis con un variado número de nuevos sellos de los que hasta hace muy poco, desconocíais su existencia: DOL, Doxy, Vinyl Passion, Jazz Wax, PanAm, Vinyl Lovers, Abraxas, Simply Vinyl, Jazz Images…

Y casi todos parecen tener algo en común: la re-edición en vinilo de grabaciones de jazz de los años 50’ y 60’ del siglo XX. Desde hace unos años a esta parte, la sección de jazz de muchas tiendas que venden discos de vinilo parece idéntica: ahí están clasicazos de Chet Baker, Thelonious Monk, Horace Silver, Miles Davis o John Coltrane al alcance de la mano y casi siempre, a precios muy razonables. Por diez euros o menos, podéis haceros con una de estas obras maestras. Claro que os choca comprar discos de sellos de los que no conocéis prácticamente nada o que la portada de los discos casi nunca sea la original… ¿Pero importa eso? ¿No es de escuchar música de lo que se trata?

Como veremos a continuación, nada es tan sencillo como puede parecer. Y es que, como aseguran cada vez más expertos, de lo que de lo que venden algunos de estos sellos a lo que es en realidad la obra original tal y como fue concebida en su momento, puede haber unas cuantas diferencias…que no se quedan en la portada.

Acompañadme en un viaje en el que veremos cómo una floreciente industria está haciendo negocio aprovechándose de algunas lagunas en la legislación europea y la confianza ciega de un consumidor que no siempre sabe lo que compra.

Cuando la época dorada del jazz pasó a ser de dominio público

Para entender cómo han nacido todos estos sellos y por qué el mercado está inundado de estas reediciones de discos clásicos, hay que hacer un pequeño viaje en el tiempo. Concretamente, hasta el 1 de enero de 2011. No es un día cualquiera. En esa fecha vencían los derechos de autor de toda la música grabada antes de 1960, ya que se cumplían los 50 años preceptivos que establecía en ese momento la legislación de la Unión Europea. Dicho de otra forma: todos los discos grabados en la década de los ‘50 una de la más prolíficas de la historia del jazz, pasaba a ser de dominio público en Europa.

Temiendo que no ya solo iconos del jazz, sino que la obra de los Beatles (“Please Please Me, su primer álbum se lanza en 1963) pasase a ser de dominio público, la presión de las discográficas consigue que en septiembre de ese año la UE decida extender la duración de los derechos de autor hasta los 70 años. La medida eso sí, no tiene efectos retroactivos: es decir, grabaciones como el ”Kind of Blue” de Miles Davis, seguirían estando a disposición de quien quisiera, sin tener por qué pagar derechos. Y los nuevos sellos, comenzaron a nacer como setas.

Especialmente en Rusia o Grecia, pero también en España, entre 2012 y 2013 nacen unas cuantas compañías que en este terreno, ven un negocio ganador. La más importante en nuestro país, un holding que comprende los sellos WaxTime (Del Ray Records, Jazz Classics, Jazz Wax Records, Pan Am Records, Spiral Records, Vinyl Lovers, WaxTime 500, WaxTime In Color) y Jazz Images Records (Francis Wolff Collection, The Jean-Pierre Leloir Collection, William Claxton Collection, William Claxton’s Chet Baker Collection).

Ahora la cosa se complica un poco. Porque aunque es cierto que al haber transcurrido los 50 años preceptivos, estos sellos estaban amparados legalmente por la UE para publicar discos de los años ’50 sin pagar derechos, hay que tener en cuenta que en Estados Unidos esta protección llega hasta los 90 años.

Siendo muchas de estas grabaciones genuinamente americanas, las disqueras del otro lado del charco comenzaron a argumentar que la práctica de los nuevos sellos europeos, se movía en un nebuloso vacío legal en el que se sentían perjudicadas. Fue poco más que una pataleta. Y las pocas denuncias, que las hubo, no llegaron a prosperar.

En todo caso, como hizo popular el anuncio del scattergories, “aceptamos barco”. Bajo el amparo legal de la UE, la actividad de estos sellos es sobre el papel intachable. Si os interesa saber más, en esta entrevista,Jordi Pujol, dueño de Fresh Sound Records, abunda sobre el tema.

Otra cosa muy diferente, como veremos ahora, es la calidad de la música que ofrecen. Y esto, amigos de Caravan Jazz, es lo más debe preocuparnos.

Vinilo

Máquina de prensado de discos de vinilo

Vinilos que en realidad, son CDs…en el mejor de los casos

Que un sello decida re-lanzar un disco histórico no es en realidad nada nuevo. Es un proceso intrínseco de la industria y de la que históricamente se ha beneficiado. Hasta hace no demasiado si por lo que fuera un sello español quería volver a lanzar en vinilo el ”Kind of Blue” de Miles Davis, todo lo que tenía que hacer era dirigirse a Columbia, pagar los derechos preceptivos y obtener a cambio, el master analógico de la grabación original para hacer sus propias copias.

Al ser ahora obras de dominio público, los nuevos sellos ya no tienen en este caso, que llamar a la puerta de Columbia, ni por supuesto, pagar derechos. Y sin embargo, esta es la única forma de obtener el master por lo que…¿Cómo resolver esta ecuación? ¿Cómo ofrecer una grabación en vinilo de la que no tienen la grabación original?

La solución no podía ser más fácil: no ofrecerla. En lugar de grabar el master en los nuevos vinilos, lo que se hace en el mejor de los casos  es extraer la información digital de un CD (de algunos sellos se especula que trabajan incluso con archivos MP3),e “imprimir” los archivos digitales en los nuevos discos. ¿El resultado? Un CD que en lugar de 12 cm de diámetro ahora mide 30,5 cm y que se hace pasar por un master tape original.

Pero esperad…¿es legal hacer algo así? Completamente. En Europa no hay ninguna ley que obligue a que en los discos se especifique la fuente que se ha utilizado para grabar. Algunos sellos, es cierto, indican en una pegatina “Cut From Original Master Tapes”, lo que podría indicar que aquellos que no lo hacen… ¿Quiere decir que va a sonar mal? Depende. Algunos de estos sellos, intentan cuidar la calidad del sonido que acaban ofreciendo, mientras que en otros, deja mucho que desear.

Pero lo importante y esto es importante recalcarlo, es que en muchos de estos discos el sonido que vamos a escuchar no es el de un vinilo que, al fin y al cabo, es por lo que hemos pagado. Por otro lado y como os podéis imaginar, si la calidad de la música es “sospechosa”, el sello que incurre en estas prácticas tampoco se preocupa demasiado por la calidad del prensado. Habréis pagado 10 euros por un vinilo que… sí, tal vez os dure 3 o 4 años.

Comprar o no comprar…esa es la cuestión

Para muchos consumidores, comprar estos vinilos no va a suponer en realidad ningún problema. Por poco dinero pueden comenzar a construir su pequeña discoteca de clásicos del jazz y sacar partido de un toca discos en el que casi seguramente, tampoco habrán invertido una fortuna.

Y sin embargo, a poco que seamos exigentes con la música que llega a nuestra casa, la diferencia la vamos a notar. Nosotros, que también defendemos el CD como una estupenda forma de consumir música, lo tenemos muy claro: si no quieres invertir demasiado en tus discos, compra CD. Si tienes un buen equipo, probablemente lo vas a disfrutar a un nivel muy similar.

Pero es que tú quieres escuchar vinilo. Y quieres escuchar los clásicos de los años 50 y 60. Y desde luego, no estás dispuesto a gastarte los 50, 60 o 100 euros que te puede costar un disco que venga directamente desde esa década a tus manos. ¿Qué hacer en ese caso? En primer lugar, presta atención al sello original que editó el LP que te interesa, porque probablemente, ese sello seguirá imprimiendo copias….de algunos de sus títulos más populares.

¿Y si no fuera así? Confía en esos sellos que han decidido relanzar el título que te interesa y sí que indican de dónde han obtenido esa música que vuelven a editar. Mobile Fidelity, ORG, ORG Music, Analogue Productions, Music Matters, IMPEX, Mosaic, Rhino, Pure Pleasure, Speakers Corner, Reference Recordings o Sony/Legacy son algunos de los más conocidos, aunque no son los únicos.

Por supuesto, conocer todos estos sellos de memoria y el de los que hay que evitar, lleva tiempo (y memoria) por lo que finalmente, el mejor consejo que os puedo dar es este: comprad en tiendas de confianza. Muchas tiendas independientes, que se preocupan por la calidad de los vinilos que venden, nunca van a ofreceros discos de sellos “bajo sospecha”.

¿Dónde los vamos a encontrar entonces? Casi siempre, en tiendas de discos “de aluvión” (se las reconoce porque la inversión en mobiliario, decoración, atención al cliente, criterio musical, etc. suele brillar por su ausencia) y sorprendentemente y últimamente, en lo que solía ser toda una referencia cultural: la Fnac. Pero como suele decirse… eso es otra historia.

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