Joe Pass
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«Virtuoso» de Joe Pass: la inflexión en la historia de la guitarra de jazz

Ciertas particularidades en la vida me llevaron a mostrar inquietud sobre los orígenes de la guitarra solista, es decir, el desarrollo del no siempre ponderado Chord Melody. Busqué en George Van Eps  y Luiz Bonfa, guitarristas que se movieron por las inestables arenas del jazz y la samba, por las versiones de Tal Farlow, pero creo que nadie, al menos antes de aquel 13 de enero de 1974, ha desarrollado un estilo completamente solista y con tanto movimiento y belleza como el de Joe Pass

En ese momento, Miles Davis ya había lanzado “Bitches Brew” (1969), disco que sin duda rompió cadenas y convenciones y posibilitó nuevos modos de concebir canciones e interpretar standards; también se había publicado el “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”. Ambos discos fueron muy influyentes en esta época artísticamente tan expansiva: desde lo sonoro, pasando lo artístico-musical e incluyendo el cover art, todo experimentó una sofisticación impensada. 

Es un año en el que géneros tan sobrecargados y rupturistas como el free jazz, el rock progresivo y el jazz latino se presentan como tendencias que se encuentran en la cima de ola, y que además gozan de una gran aceptación por parte del público. Son géneros que se adhieren a nuevas estructuras de composición y matices sonoros y que además, aprovechan la evolución tecnológica usando sintetizadores, pedales de efectos y nuevos y sofisticados diseños de guitarras y amplificadores. 

En ese mismo año, Joseph Anthony Jacobi Passalacqua luce un grueso bigote, ha superado sus tendencias autodestructivas, se mantiene aún delgado y tiene 45 años. Ya no es un neófito en la materia: lleva treinta y seis años tocando la guitarra y diez años de carrera. Ha grabado ya siete discos y con «Virtuoso», pretende dar un vuelco a su trayectoria.

Entre sus discos previos están: “Catch me!” (1963), en donde el vértigo del Be-Bop es el común denominador; “The Sounds of Synanon” (en honor al Centro donde se rehabilitó de su adicción a la heroína), LP en donde muestra una inclinación más bien al blues, marcado especialmente por el acompañamiento de vientos; el malogrado “The Stones Jazz” (1967), desde mi humilde opinión, uno de los discos que menos razón de ser tiene en su extensa discografía o el genial “For Django” (1968), uno de los más representativos en su carrera y en las que Pass reinterpreta temas de Django Reinhardt: “Limehouse”, “Nuages”, “Rosetta».

El sonido Virtuoso

«Virtuoso» (Pablo Records) se presenta como el primer LP en que Joe Pass toca completamente solo, y en el cual despliega un estilo nuevo y tradicional a la vez. “Virtuoso” llega como un corpus de versiones cristalino y limpio: desprovisto de cualquier característica del free jazz y el jazz fusión, excepto por la gran capacidad de improvisar que demuestra a lo largo de un disco que homenajea a guitarristas como Charlie Christian, Django Reinhardt, Barney Kessel y como él mismo menciona, a “músicos de los años 40”.

Pass se nos presenta como un excelente guitarrista, como lo demuestra variando las ecualización en el sonido de una guitarra que siempre suena, no obstante, limpia, y que a ratos nos hace recordar a Kenny Burrel por su característica simpleza y vértigo en sus fraseos, y por ese sonido tradicional y clásico. De alguna manera, podemos compararlo con un Wes Montgomery que a veces tocaba con sus “notas octavadas”, y a veces con un estilo más convencional. 

“Virtuoso” se caracteriza por el sentido intimista de cada una de sus interpretaciones, por la enorme cantidad de recursos técnicos en los que alterna entre notas gruesas y agudas, cambios de ritmo, walking bass, double stops, acordes tocados en bloque, contrapuntos, polifonía, arpegios y fraseos que parecen no obedecer a escalas (y que recuerdan a menudo fraseos de trompetas).

Pass, de un modo inverso, logra un disco que es una verdadera innovación y resignificación para la guitarra y por supuesto para el propio Joe Pass, quien prescinde para su realización de pedales, de bandas o de sintetizadores: solo utiliza su vieja Gibson E 175, en la que sus manos se debe disponer de otra manera, pues con este estilo, ha prescindido en gran parte del uso de la púa, que siempre coloca entre los dientes para usarla de vez en cuando, tocando de un modo muy distinto al que lo hace un guitarrista de banda. 

En sus versiones, y con sólo seis cuerdas, Pass logra desarrollar en nosotros una experiencia estética muy particular, que pasa primero por un extrañamiento para después entregarnos standards que suenan como si él fuera el autor de estas piezas.

Las composiciones del disco

“Night and Day” el clásico de Cole Porter es como un cielo diáfano, en donde Pass usa de modo impecable su habitual walking bass sabiendo dar ciertos matices que recuerdan a música de películas.

“Stella by Starlight” de Miles Davis sin duda uno de los mejores de este álbum en tanto emotividad y destreza técnica. Vale agregar la melodía natural de la versión y en la que Pass sabe efectivizar cada uno de sus arreglos. 

“Sweet Lorraine” en la que impresiona la frecuencia y el ritmo que le dan a la versión las cuerdas al aire, en especial, las más gruesas. Además usa ciertos recursos de contrapunto que usará en versiones venideras tales como “Yesterday” de Paul McCartney. 

“Round Midnight” de Monk, la versión de Pass es muy diferente a la de Monk, tal vez es la pieza que más elementos clásicos o españoles suenen. 

La historia ha sido justa con “Virtuoso, Vol. I” el primero de una larga serie, porque hoy se lo reconoce como una verdadera innovación y resignificación. Imitando a veces un teclado, en otras oportunidades a las big bands de Charlie Parker o Duke Ellington…al prestar atención a los detalles, hasta crear un estilo único en materia de técnicas de ejecución, Pass consigue que cada interpretación suene fresca.

En su repertorio de acordes, escoge de los más simples, de su mano derecha desarrolla un sonido rico en timbres: el pizzicato, el cello, el brass, el pianissimo, diversas técnicas que trabajó Pass también, un poco al modo de Andrés Segovia.  Tal vez en “Virtuoso” existan los remanentes de Francisco Tárrega, porque la innovación de Pass fue volver a las raíces de la guitarra misma y a las raíces mismas de la música afroamericana.

Firmado: Andrés Ugueruaga   

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