Comienza Dickens su «Historia de dos ciudades», con su celebérrimo «Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación».
Y no puedo (o no quiero) dejar de pensar que pocas veces en la historia del jazz hemos estado en ese «mejor de los tiempos», una época en la que se acumulan infinidad de propuestas tan luminosas y desbordantes como las que os proponemos esta semana.

Melissa Aldana – Filin
De noche y con buena compañía. Esta es, sin duda, la mejor forma de disfrutar de «Filin, el nuevo disco de la saxofonista chilena Melissa Aldana. Un trabajo intenso, que sabe a whisky y al olor de un cigarro olvidado sobre la tapa del piano.
Cuenta Aldana que desde que comenzó su carrera, siempre quiso hacer un disco de baladas, con «Ballads» de Coltrane como estrella polar para seguir su estela. Pero como Coltrane es insuperable, la chilena cambia la mirada y se une a ese pianista de raza que es Gonzalo Rubalcaba para re-interpretar algunos de los clásicos de la música cubana.
El filin (la palabra deriva de feeling “creó un diálogo entre la trova tradicional cubana, el bolero y el jazz, redefiniendo la identidad musical cubana”, explica Rubalcaba, al hablar de un tradición de canciones románticas que floreció en la isla caribeña entre finales de la década de 1940 y principios de la de 1960. “El filin elevó las letras a un nivel de mayor intimidad poética y coloquial, y dio lugar a instrumentistas y cantantes de gran virtuosismo y elegancia creativa”.
Para Aldana, las canciones de filin le recordaban los estándares de desamor que había interiorizado como saxofonista de jazz, pero con letras cantadas en su lengua materna. “Se sentían como las baladas que amo del Great American Songbook”, dice, “pero como las letras están en español, pude conectar con estas canciones de una manera que nunca pensé que podría”. cuenta en una entrevista para Blue Note.
Para completar este viaje al pasado, convenció a la vocalista Cécile Mclorin Salvant, que interpreta dos temas, al bajista Peter Washington y el baterista Kush Abadey. El trabajo final, es desde luego un disco de Aldana pero a la vez no lo es. Es completamente diferente a lo que ha grabado hasta la fecha y probablemente, radicalmente diferente a todo el jazz que se está grabando en el siglo XXI. Es una zambullida en la historia, en la que reconocemos la técnica magistral de la chilena, haciéndonos soñar con esos clásicos de Hollywood en blanco y negro y que tan necesarios se antojan en tiempos de terror y pirotecnia.

Dave Holland – Vital Spark (Music of Kenny Wheeler)
Resulta curioso comprobar la forma que dos de los mejores discos de jazz que se han publicado en los últimos años, son a la vez, sendos homenajes a Kenny Wheeler, maravilloso trompetista que perdimos en 2014.
El año pasado, Greenleaf Music lanzaba «Some days are better«, un trabajo en el que la Kenny Wheeler Legacy junto con la Royal Academy of Music Jazz Orchestra, interpretaban algunos de los temas menos conocidos del maestro, contando para ello con la participación de músicos como Evan Parker, Emma Ravitz o Chris Potter… junto a Norma Winstone, auténtica primera dama del jazz británico y letrista y cantante en temas de Steve Swallow, Ralph Towner y, por supuesto, Kenny Wheeler.
En 2026, el recuerdo a este también gran fiscornista, llega de la mano de Dave Holland. Casi a sus 80 años, firma con precisamente Norma Winstone, Vital Spark, un álbum que reúne una colección que reúne algunas de las últimas composiciones del músico. A estas dos voces, se une el London Vocal Project, responsable de los coros que escuchamos en muchas de las piezas.
La música incluye nuevas letras de Winstone, junto con las musicalizaciones que Wheeler realizó sobre poemas de Stevie Smith, Lewis Carroll y William Blake. Una auténtica maravilla.

The Tomeka Reid Quartet – Dance! Skip! Hop!
El dúo casi inseparable que forman la violonchelista Tomeka Reid y la guitarrista Mary Halvorson, genera habitualmente sensaciones encontradas. Figuras clave del jazz de vanguardia y miembros de ese núcleo de talento que es la Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM) de Chicago, su música casi siempre desafiante, provoca en los escuchantes bien amor eterno, bien visceral rechazo.
En la estela de Anthony Braxton, los proyectos en los que casi siempre coinciden, demandan solícitos e imperativos que el oyente ponga de su parte, en ocasiones, demasiado. No es sin embargo el caso de este Dance! Skip! Hop!, disco en el que se unen con otro de los fijos (el baterista Tomas Fujiwara) y en este caso, el bajista Jason Roebke.
Tal y como sugiere el título, lo que nos ofrecen es un disco mucho más accesible, sugiriéndonos que podemos incluso bailarlo. Sin llegar a tanto (no olvidemos de quién estamos hablando aquí), lo largo de cinco pistas y casi 50 minutos, el grupo corre y navega a través de temas de swing, rápidos ritmos de escobillas, armonías de jazz latino, pasajes intensos de guitarra con fuzz de aire hip-hop y ensoñaciones de violonchelo acústico.
Uno de los grandes discos de la vaguardia en este primer cuarto del año y si me preguntan, la puerta de entrada para comenzar a descifrar algunas de las claves del mundo interior de Tomeka Reid y Mary Halvorson.

The Messthetics and James Brandon Lewis – Deface the Currency
The Messthetics es un trío de rock experimental formado por el guitarrista Anthony Pirog, el bajista Joe Lally y el batería Brendan Canty (estos dos últimos, ex miembros de «Fugazi», una de las bandas más reconocibles de la historia del ‘hardcore rock’ con tintes punk y que definen su nuevas formación como «jazz punk post-hardcore jam».
Cuando en 2024 se juntaron con el saxofonista James Brandon Lewis para lanzar precisamente The Messthetics and James Brandon Lewis el efecto fue colosal, consiguiendo una pirueta doble: la primera, acercar a su proyecto al que es uno de los mejores saxos tenores de la actualidad. La segunda, desarrollar su proyecto con Impulse!, sello que en los últimos años está produciendo algunos de los discos de jazz más atrevidos y en cierta medida «diferentes» del panorama.
Juntos se confabulaban en un disco inmenso, en el que amplían el alcance la música instrumental decisiva a través de su superposición de jazz, punk, funk, agresividad e innovación, en una continua superposición de abrasadoras capas de sonido, ritmos intrincados, y melodías post-funk impulsadas por el potente soplido de Lewis.
En 2026 repiten fórmula en Deface the Currency, un disco que es una continuación natural del anterior, grabada tras una gira europea que tuvo lugar el verano pasado. Se apoya en las fortalezas del primer LP mientras expande y extiende sus considerables posibilidades, yendo más lejos aún en el terreno del punk y desarrollando un sonido aún más áspero para los aficionados al sonido del Brandon Lewis más «conceptual». Ruidoso, con temas que van (como debe ser en este género), al pie y sin florituras, tan solo cabe lamentar una duración tal vez excesivamente corta (33 minutos).
Sin tal vez ofrecer grandes dosis de originalidad para los que tras el primer disco se quedaron con «ganas de más», sí que tiene toda la potencia, el fuego y la rabia que podemos esperar en un disco que queremos tener pero ya.


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