The Week in Jazz #32: Miroslav Vitous, Flea, Antonio Faró, Emilio Solla

Tiempo de recogimiento. De abstenerse de la carne y el pecado. De pagar más de cien euros por alquilar una silla plegable en una esquina, o más de 1.000 por apretarse en un balcón sevillano. Tiempo de capillitas, de golpes de pecho y cilicio en el muslo, mientras indecentes, se condena en redes a quien decide poner fin a un sufrimiento insoportable. Tiempos de mierda, regados de bombas y saliva.

Para mí, tiempo para escuchar música y comer torrijas.

Miroslav Vitous – Mountain Call

Miroslav Vitous, contrabajista checo y pilar fundamental en la historia del jazz por ser miembro fundador de los legendarios Weather Report, alcanza en Mountain Call una de las cumbres de su madurez creativa. Este álbum, gestado a lo largo de siete años, funciona como un compendio de todas sus facetas: desde el improvisador volcánico hasta el pionero en el uso de samplings orquestales. Para esta travesía, Vitous recupera su histórica alianza con el baterista Jack DeJohnette, con quien ya formó una sección rítmica explosiva en los años 70, y se apoya en el talento del recientemente fallecido clarinetista francés Michel Portal.

La obra se despliega a través de configuraciones muy diversas que resaltan la versatilidad de Vitous como arreglista y compositor. La interacción dinámica con DeJohnette en cortes como «Tribal Dance» o «Epilog» convive con la sofisticación de la suite «Rhapsody», donde la voz de Esperanza Spalding aporta una textura lírica poco habitual en el catálogo del checo. Sin embargo, los momentos más intensos del disco se encuentran en los duelos improvisados con Portal, especialmente en el tema homónimo que cierra el álbum, donde el contrabajo dramático de Vitous y el clarinete bajo de Portal confirman su maravillosa química. Uno de esos discos que puntuarán alto en los rankings de finales de año.

Flea – Honora

Tras décadas reventando estadios con el bajo de los Red Hot Chili Peppers, Flea (Michael Balzary) regresa a su primer amor con Honora, un álbum donde retoma la trompeta y el rol de compositor de jazz. Este proyecto es un ajuste de cuentas con su propia historia: antes de que el rock lo convirtiera en una estrella global, Flea creció fascinado por el bebop de Gillespie y Davis que sonaba en su salón. A sus 60 años, y alejado de las giras masivas, el músico se rodea de una banda de peso (con Jeff Parker y Josh Johnson) para facturar un jazz que recupera la energía y el «asombro» que le volaron la cabeza de niño.

El disco equilibra seis composiciones originales con versiones de nombres tan dispares como Frank Ocean o George Clinton, apoyándose en colaboraciones vocales de lujo como las de Nick Cave y Thom Yorke. Precisamente con Yorke firma «Traffic Lights», una pieza que arrastra esa atmósfera hipnótica de Atoms for Peace para cuestionar qué es real en el mundo actual. Con la percusión de Mauro Refosco y una orquestación cuidada, Honora no se siente como un capricho sino como el saber hacer de un gran músico que factura sin lugar a dudas, uno de los debuts jazzísticos más sorprendentes de lo que llevamos de año.

Antonio Faraò & Stéphane Belmondo – Do it!

La escena del jazz europeo encuentra en el pianista italiano Antonio Farao y el trompetista francés Stephane Belmondo a dos de sus voces respetadas. Farao, un virtuoso que se ganó el respeto del mismísimo Herbie Hancock por su «calidez y convicción», une fuerzas una vez más con Belmondo, cuyo estilo siempre ha sabido heredar el lirismo de Chet Baker sin perder el empuje del post-bop moderno. En Do It!, esta alianza franco-italiana se consolida junto a una sección rítmica de lujo (Thomas Bramerie al contrabajo y Benjamin Henocq a la batería) para facturar un álbum que aunque no reinventa la rueda, refleja décadas de complicidad y una técnica asombrosa.

El repertorio oscila con naturalidad entre la sofisticación de piezas como «Remembering Duke» (un homenaje a Ellington donde Belmondo hace que los pasajes más intrincados suenen liviano) y la explosividad de «One Finger Snap», la única versión del disco y un guiño directo a Hancock. Mientras que en cortes como «My Little Dancer» o «Joey’s Smile» el grupo se refugia en una delicadeza casi de música de cámara, en el tema homónimo y en «Around» el swing funciona como un péndulo perfecto que lo mantiene todo unido. Es, en definitiva, un trabajo de fin de máster, con lo mejor de lo mejor del jazz actual. Un lujo necesario.

Emilio Solla y la Inestable de Brooklyn – Handmade

Emilio Solla no se anda con rodeos en Handmade, su decimoquinto álbum. Acompañado por su noneto, La Inestable de Brooklyn, el pianista argentino lanza un disco que partiendo de esa mezcla de tango y jazz de vanguardia que lo ha hecho famoso, se presenta además como un manifiesto contra la frialdad de los algoritmos. En este sentido,Solla reivindica el error humano, la imperfección y ese contacto físico con el instrumento que se está perdiendo en la era de la IA.

El eje del disco es la «Suite de los Abrazos», una obra sobre la pandemia que, emulando la Rayuela de Cortázar, aparece fragmentada en el orden de las pistas (3, 5 y 1). En ella, Solla se mueve con naturalidad entre el dodecafonismo incisivo de «Milonga Mutante», el duelo explícito en «The Loss» (donde reconoce el «robo» creativo a Fernando Otero) y el cierre rítmico de joropo en «Bodegón Caníbal».

El resto del álbum funciona como un cuaderno de bitácora personal. Destaca «Bird Song», una pieza que nació como música de cámara y que aquí se convierte en un alegato contra las fronteras a través del canto de un pájaro imaginario. También pesa el rastro de sus maestros y referentes: desde el pulso de los Children’s Songs de Chick Corea en «La Carta» (fruto de su reciente trabajo orquestando la obra del pianista) hasta el homenaje directo a Joni Mitchell, donde Solla juega a esconder citas musicales.


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