Cuando Shabaka Hutchings se subió el pasado 29 de octubre al escenario de la sala verde de los Teatros del Canal (Madrid), venía cargado con una bolsa al hombro. Tras apoyarla sobre una mesa situada en el centro de la escena, se tomó un tiempo en sacar y ordenar cuidadosamente las diez (o más) flautas y otros instrumentos de viento que formarían parte del espectáculo. Se escucharon algunas risas y como posteriomente diría una de las personas que habitualmente colaboran en Caravan, pareciera que «Shabaka se hubiese convertido en su propio meme.»
Junto al que hace no tanto, era uno de los saxos tenores más destacados de la escena, se alineaban dos arpas, un piano y un teclado. Y así, el otrora líder de formaciones de tanto éxito como Sons of Kemet o The Comet is Coming, cerraba simbólicamente (¿de forma definitiva?) la puerta del jazz más explosivo para entregarse a los primeros temas de Perceive Its Beauty, Acknowledge Its Grace, personalísimo álbum publicado el pasado mes de abril. «Let’s make some music», musitó antes de empezar.
Salvo algún despistado, los que estábamos allí estábamos avisados. Meses antes había ensayado la misma fórmula en su EP «Afrikan Culture», así que de alguna manera veníamos no tanto a celebrar el cambio, como a ser testigos del mismo, cruzando los dedos en secreto para que por lo menos, si no merecía del todo la pena, al menos no fuera un desastre monumental.









Lejos de la energía y el saxo atronador con el que nos ha enganchado a sus proyectos anteriores, descubrimos a este nuevo Shabaka bajo una nueva luz mortecina de instrospección total, en temas bucólicos que imitaban los sonidos de la naturaleza, se introducían en la exploración de sonoridades de ese cajón de sastre que es la «world music», o de una manera más lúgubre, parecían querer revelar capa a capa, los misterios del alma humana.
De una forma casi coreografiada, le vemos y escuchamos utilizar un instrumento distinto en cada uno de los temas. En su repertorio, la Shakuhachi japonesa (una flauta de bambú tradicional), las flautas zumbadoras mayas de Teotihuacan, los pífanos brasileños, svires eslavos y como no podía ser de otra forma, distintos instrumentos de viento utilizados por diveras tribus indígenas de América del Norte. Para no perder del todo cualquier vestigio del pasado, en un par de momentos le vimos juguetear con un clarinete (muy europeo) e incluso, un saxo soprano.
En los solos, el planteamiento es áspero, como el del que revela tan solo en parte, una verdad a unos pocos iniciados. Pero acompañado por las arpas, por el piano y el sonido sordo de los sintetizadores, es capaz de crear nuevas atmósferas yuniversos propios, una auténtica «cosmología shabakiana» que nos atrapa y no nos hace en absoluto, echar de menos a ese enorme artista anterior que seguimos manteniendo en el recuerdo. Si nos rendimos sin poner resistencia (y nosotros lo hicimos), nos entregamos a un viaje lisérgico, que sí, conecta con nuestro pasado, lo que de alguna forma nos hizo ser humanos y que tal vez, también nos empuja a un nuevo amanecer musical. Toda una experiencia.


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