The Week in Jazz #31: Shai Maestro, Lucía Martínez, Shabaka, Oded Tzur

Durante muchos años he detestado el cilantro. La mera presencia de esa especia en un guacamole, arroz, carne o cualquier otra comida exótica, bastaba para arruinarme ese placer que es comer. No podía comprender cómo alguien en su sano juicio, gustara de lo que para mí literalmente suponía un trágalo de Fairy y química «a gogó».

Resultó que había una explicación científica. Leí que diversos estudios de asociación genómica habían identificado variantes en genes relacionados con los receptores olfativos, que hacen a ciertas personas más sensibles a los aldehídos presentes en el cilantro, compuestos químicos que también se encuentran en jabones y detergentes. Esos mismos estudios concluían en aproximadamente un 10% de la población sufría de esta cilantrofobia genética.

El pasado invierno sin embargo, un COVID invisible que me dejó durante meses sin olfato (y del que aún un año después no me lo ha devuelto del todo), cambió las reglas del juego. El cilantro, enemigo personalísimo en cualquier plato de mi mesa, se ha convertido no ya en una molestia tolerable, dañadas mis aterradas fosas nasales, sino en una especia que ha adquirido un nuevo significado, que he aprendido a apreciar y que ahora consumo con la misma alegría que la pimienta o el pimentón de La Vera. En este mismo tránsito, de la oscuridad a la luz salvífica del nuevo converso, también se mueve el jazz.

Shai Maestro – The Guesthouse

La escena del jazz israelí, especialmente fértil en las últimas décadas, encuentra en el pianista Shai Maestro a uno de sus representantes más notables. Menos proclive a frecuentar el estudio de grabación que los dos Avishai Cohen y Avishai Cohen (sobre todo el contrabajista), cada nuevo álbum suyo termina convirtiéndose en un pequeño acontecimiento.

Es el caso de The Guesthouse, un disco inspirado en el poema “The Guesthouse” de Jalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī: “Ser humano es como una casa de huéspedes. Cada mañana llega un nuevo visitante. Una alegría, una tristeza, una mezquindad, algún instante fugaz de conciencia aparece como un invitado inesperado. Recíbelos y atiéndelos a todos.”

Shai Maestro describe el álbum como “una ventana al caos creativo que habita en mi cabeza”: una obra sobre la apertura y el diálogo entre músicos y colores sonoros. En ese caos creativo, encontramos grandes dosis de jazz contemporáneo, columnas de sonido electrónicas, armonías clásicas y una dirección temática que tiende hacia lo cinematográfico. Entre los músicos que le acompñanan, destacan las colaboraciones de la cantante portuguesa MARO («Gloria«), el saxofonista Immanuel Wilkins y el también vocalista Michael Mayo («Strange music«)

Tras el disco intimista (solo piano) de «Solo: mninatures & tales», aquí descubrimos el Shai Maestro más audaz, transitando por multitud de sonidos del arco mediterráneo, incluyendo querencias y arpegios flamencos en muchos de los temas.

Lucía Martínez & The Fearless: Hope

La baterista española Lucía Martínez vuelve a reunirse con la bada de los sin miedo (The Fearless), para entregarnos «Hope», continuación del ya excelente disco homónimo que grabaron en 2020.

La compositora, afincada desde hace tiempo en Alemania, reúne en este proyecto a Ronny Grauppe (guitarra), Benjamin Weidekamp (clarinete bajo), Marcel Kroemker (contrabajo) yMorris Kliphuis (trompa, corneta y electrónica), con los que transita de forma audaz en las sonoridades del jazz de vanguardia, con el punto de mira en faros como Mary Halvorson y la creatividad áspera y descarada de Anthony Braxton.

Rara avis por todo lo anterior en el panorama hispano, bajo una falsa promesa de escucha exigente y atenta, su «Hope» es en realidad una propuesta mucho más agradecida para los que ya tienen cierto callo en ciertas propuestas de vanguardia que bajo la pátina de la elevación y la intelectualidad acaban por no aportar casi nada.

Al contario, la música de Lucía respira divertida, juguetona, rabiosa en determinados momentos, pero sin alejarse excesivamente de ese marco autoreferencial en el que voluntariamente se encuadra. Es decir, vanguardia si, pero piano piano…sofisticación por supuesto, pero entregando a todo el que la quiera, la llave para desvelar sus secretos.

Shabaka: Of the Earth

Hace ya unos cuantos años que los Shabakianos venimos soñando con esa improbabilidad que se está deslizando rápidamente por el tobogán de lo imposible: que Shabaka Hutchings, auténtico heredero de Coltrane, vuelva a abrazar ese saxo de fuego que nunca debió abandonar.

Sus aventuras con todo tipo de palos e instrumentos de viento, primero en «Afrikan Culture»(2022) y después en «Percive it’s beauty, percive it’s grace» (2024), me dejaron bastante frío, si bien su concierto en Madrid me llegó a reconciliar hasta cierto punto con una propuesta diferente.

En «Of the earth», el inglés da una vuelta de tuerca más y, sin abandonar esa vuelta a las raíces de la música africana de los últimos años, la reviste de capas de electrónica, grooves intensos y algunos toques de hip-hop aquí y allá con los que tal vez confía recuperar parte del público que ejem .. podría haberle dado la espalda.

Lo cierto es que aunque probablemente es el álbum que más se aleja del jazz de los que ha producido, es tremendamente interesante y disfrutable, especialmente en esos dos o tres temas en los que oh milagro, vuelve a tocar el saxo. Cuenta de hecho el músico que » este disco supone también una reflexión sobre lo que mi tiempo dedicado principalmente a las flautas me ha revelado acerca del futuro de mi relación con el instrumento». Confiemos.

Oded Tzur – Make a Sound

El de Oded Tzur es uno de los sonidos más hipnóticos y distinguibles del jazz actual. El saxofonista lleva años componiendo poemas épicos en los que nos perdemos, fusionando tradiciones aparentamente tan alejadas como el jazz de Nueva York, los sonidos del Mediterráneo y las ragas indias.

En su nuevo disco, «Make a sound», presenta la perspectiva de un padre joven mientras lidia con los horrores de la guerra en Oriente Medio. El tema que da título al álbum se posiciona contra la inutilidad del odio ciego, iniciando una íntima reflexión sobre la naturaleza de la solidaridad humana. Oded Tzur define Make a sound como un álbum de protesta, como una postal enviada desde la cordura que hemos perdido y que espera, de algún modo, volver a encontrarse. Sin palabras, el disco explora emociones de duelo y angustia, pero también una sensación de esperanza que echa raíces en el propio acto de hacer música.

Al icónico sonido de Tzur al saxo, se suman la guitarra de Gilad Hekselman, el contrabajo de Joe Martin, la batería de Nasheet Waits y el inquietante sonido de Vanraj Shastri al sarangi, un instrumento de cuerda del norte de la India.


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