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Un año bailando con Nueva Orleans, en remoto, como una Chorus Girl más

Quien me iba a decir a mí, el año que me hice cuenta de Instagram y empecé a seguir a músicos y bailarines, que una de las actividades más refrescantes y antídoto contra la depresión pandémica iba a venir por ahí. Empecé a seguir a Amy Johnson, sin tener muy claro por qué ni para qué. Supongo que tenía curiosidad por ver a gente bailar en los lugares donde el jazz hunde sus raíces.

Llegó el cierre de todo en marzo de 2020 como un mazazo. Había dejado de bailar en clase dos semanas antes, preocupada de ponerme mala de coronavirus justo antes de un viaje a Estambul. El viaje se canceló, las clases de Lindy hop se pararon, el trabajo en casa – tan reclamado por mí anteriormente – se convirtió en una especie de huida del estrés ocasionado por el ambiente apocalíptico que se respiraba en el planeta.

La pausa del café dejó de ser para charlar con los colegas, ahora tocaba mirar Instagram como forma de evadirme de ese momento de angustia vital, lejos de mi familia. Así fue como una mañana, en esa pausa de café, leí en la cuenta de Amy Johnson que iba a empezar a dar clases de «solo jazz» mediante un sistema de lo más original. Nada de Zoom, nada de estrés porque la clase la tienes que seguir incómodamente desde una pantalla y luego, adiós.

De pronto la explosión digital de la primavera de 2020 tenía una dimensión nueva: me llevaba a Nueva Orleans de mano de unos vídeos de enlace privado de Youtube; me llevaba al blues, al jazz de Nueva Orleans, a ser sin darme cuenta, una Chorus Girl, aunque solo fuera desde casa. Me lancé insegura a comprar mi participación en el curso sin saber si me iba a sentir cómoda, pensando en lo torpe que me siento a veces bailando, y también si tenía algún sentido hacer un curso en remoto con un grupo de bailarinas que ya seguramente se conocía entre ellas. Pero el anuncio lo dejaba bien claro: «No se requiere experiencia previa» y que era para «mujeres de todo el mundo». Si no me gusta, no es muy caro, pensé. Total, la última mensualidad de Lindy hop me la había ahorrado por este miedo de pillar el coronavirus antes de irme a Estanbul, tampoco perdía tanto.  

Fue así como empecé una trayectoria que ya acumula un año, 6 cursos y 6 coreografías y que ha supuesto un interesantísimo viaje a la cultura del jazz, a la cultura de Nueva Orleans y a jugar con esto de hacerse una Chorus girl aunque solo fuera para hacer un vídeo casero, un collage con todas las participantes del curso que se aprendan la coreografía y sigan las instrucciones estéticas marcadas por la profesora.

The NOLA Chorus Girls

El curso por Youtube es una iniciativa de las NOLA Chorus Girls y concretamente de Amy Johnson, una de las cofundadoras de este grupo de baile. Las NOLA Chorus Girls son un grupo de Nueva Orleans fundado en 2011 por Laura Manning y Amy Johnson cuya misión es crear un espacio femenino en el que celebrar la cultura del jazz de principios de siglo y la música de Nueva Orleans mediante coreografías bailadas de forma colectiva por mujeres de todas las edades, en desfiles y actuaciones en diferentes espacios de la ciudad y en diferentes ocasiones especiales, entre ellas, Mardi Gras.

Uno de las características que define a las NOLA Chorus Girls es que siempre utilizan música de Nueva Orleans para sus coreografías y espectáculos. Es una versión muy arraigada a la cultura local de un fenómeno que hunde sus raíces en el espectáculo de variedades, el vaudeville y otras tradiciones que arrancan en la segunda mitad del siglo XIX y alcanza su apogeo en los dorados años 20, con el auge de la cultura del ocio y la mentalidad carpe diem de postguerra…

Un poco de historia sobre las «Chorus Girls»…

No está claro dónde exactamente se arraiga el fenómeno «Chorus Girls»; algunos señalan los bailes de cancán del París de finales del S. XIX que cobró relevancia con el Cabaré; otros ven sus puntos en común con el ballet ruso. En cualquier caso, es un fenómeno que tiene que ver con las artes escénicas y las actrices de reparto que actuaban en teatros, cabarés y musicales.

Los espectáculos del Broadway y los espectáculos de variedades en los clubes de jazz y speakeasies de Nueva York también son un referente histórico en la creación de esta tradición. Si la recreación del Cotton Club de Francis Ford Coppola es fidedigna, ahí podemos ver que eran comunes los espectáculos donde aparecían este tipo de bailarinas, todas uniformadas, todas moviéndose en unísono. El desarrollo del claqué y del swing, especialmente el Lindy hop, también han nutrido a este fenómeno con pasos específicos para la creación de coreografías relativamente accesibles para bailarinas aficionadas.

Una de las agrupaciones históricas de Chorus Girls más relevantes fueron las «Ziegfeld Girls» del espectáculo Ziegfield Follies del Broadway, una serie de revistas musicales creadas y dirigidas entre 1907 y 1931 por Florenz Ziegfield. Otras figuras de la época como Lucille Ball, Ginger Rogers, Josephine Baker o Joan Crawford también empezaron su carrera, como Chorus Girl, según indica la Sister Kate Dance Company en su página «¿Qué es una Chorus Girl?»

A partir del minuto 4 aparecen las Chorus Girls en esta actuación del año 1929

Lo que diferencia a una Chorus Girl de cualquier otra bailarina de solo jazz es la importancia de la sincronización colectiva y también del vestuario. Por así decir una Chorus Girl va creando nuevos avatares, nuevas ideas para recrear una atmósfera estética concreta; hoy en día entran dentro de las categorías de estilos vintage, una forma de celebrar las diferentes épocas doradas de la historia del jazz bailable.  

Las Chorus Girls de Nueva Orleans y el resto del mundo en tiempos de pandemia

La pandemia, muy especialmente la primera ola, nos metió en casa. Esta situación ha traído consigo una explosión de creatividad e ideas originales para hacer algo productivo y divertido con todo el tiempo libre y confinado que hemos tenido en casa… Lo digital nos ha salvado de un aislamiento social que en décadas anteriores hubiera sido mucho más duro e insoportable.

Las NOLA Chorus Girls y particularmente Amy Johnson propusieron en redes sociales la idea de cursos online a partir de videos grabados en casa y enviados como enlaces privados de YouTube a través de E-Mail y en un grupo privado en Facebook. Al final de cada curso, extendido en cuatro sesiones, una por semana, las alumnas que quieren pueden grabarse con el móvil y enviar su actuación para una edición posterior que muestra un resultado colectivo… convirtiéndonos así en Chorus Girls virtuales y entreteniendo al mundo con los videos resultantes, los cuales cuentan con la edición profesional de Ruby Bell desde Londres.

Una colaboración en remoto que ha creado una sensación de grupo muy interesante a nivel internacional. Fui una de las pioneras que empezó a conectarse desde Europa con un grupo de alumnas que mayoritariamente estaba en Estados Unidos, pero conforme Amy Johnson ha ido sacando nuevos cursos, el porcentaje de participantes de otras partes del mundo ha ido aumentando, creando así una sensación de comunidad global muy amena y reconfortante. El grupo de Facebook ha sido clave para crear esta sensación de comunidad y generar motivación y entusiasmo con el curso entre todas las participantes. La personalidad carismática y el trato cercano y atento de Amy, también.

Coreografía del blues «I’m Going Back Home» de Tuba Skinny. Cortesía de Amy Johnson (Instagram: @amyjsaysthis)

Las coreografías

Las coreografías son creaciones de Amy Johnson basadas en pasos de solo jazz, charlestón y blues, e incluyendo un toque personal característico en el que la técnica también deja espacio a la expresión personal. Pasos clásicos como el Boogie Back y Boogie Forward, Shorty George, Fall off the Log, Suzie-Q… O el mítico cruce de rodillas y brazos propios del charlestón de los años 20 (conocido como Bees Knees) se combinan con ideas divertidas que a veces incluye el uso de elementos externos como un parasol, un cartel casero de felicitación del Mardi Gras o un sombrero de copa. El resultado es pura endorfina en vena, tanto en las sesiones de aprendizaje como en las de performance per se.

El desarrollo de la coreografía se explica paso por paso, incluyendo ejercicios grabados en video que simulan la clase en directo y que tienen una ventaja clara sobre ésta: los puedes repetir las veces que haga falta.  

La música

Como ya adelantamos antes, la música de las NOLA Chorus Girls, como su nombre ya anticipa, es música local de Nueva Orleans. Las coreografías han estado basadas en grabaciones de bandas y artistas locales, artistas como Leroy Jones o Meshiya Lake, bandas como Tuba Skinny o Doro Wat… Hemos bailado a ritmo de blues y de jazz de New Orleans incluyendo marchas de tipo second line de bandas de viento metal.

Aquí el listado de canciones, a cada cual más adictiva, todas arraigadas en la cultura musical de Nueva Orleans.

Un poco de showbusiness para efrentarse al miedo escénico

Lo más innovador de todo esto es que no solo hemos empezado a bailar en casa siguiendo los cursos de Amy. Lo más desafiante y a la vez especial de todo el curso es grabarse para un video final en el que cada participante tiene sus segundos de gloria. Un trípode, la cámara del móvil, maquillaje, attrezzo casero y unas instrucciones específicas en cada curso para crear una coherencia estética siguiendo una temática específica inspirada a menudo en diferentes épocas de la primera mitad del S. XX, generando una cierta nostalgia por una época en la que esta música era la música pop(ular) del momento.

La primera vez que pulsé el botón de grabar me temblaron las piernas, sudé frío. El pánico me agarraba fuerte. Pero poco a poco he ido lidiando con ese pánico y descubriendo el Charlie Chaplin que llevo dentro. El proceso ha sido divertido y excitante a partes iguales; tedioso en algunos casos también. El colmo del desafío ocurrió con la última coreografía que grabamos en febrero para celebrar el Mardi Gras en remoto; en aquella ocasión bailé en medio de una plaza en un barrio histórico de Düsseldorf, Alemania. Tenía miedo de molestar a los vecinos, sentirme ridícula etc. Sin embargo, el resultado fue mucho más divertido y agradecido de lo que esperaba, con dos vecinas que salieron a aplaudir y agradecer un poco de alegría en medio de este último invierno desolado.

Sesión de grabación propia para participar en el vídeo de la coreografía de «Communication»; una parte de la coreografía se hacía sentada sobre una mesa de escritorio.

En resumen, una experiencia digna de contar

Cada curso ha sido una mezcla de celebración, disciplina, ejercicio físico con algo mucho más atractivo que un workout de gimnasio y una fuente de creatividad e interacción social. Una forma de experimentar con la música, con pillar el ritmo y mover los pies en el beat exacto, una forma de meditar, flotar y olvidarse un poco de lo mucho que nos ha cambiado la vida durante la pandemia. Cuando acabe, ya solo quedará viajar y volver a bailar en pareja, a ser posible con música en directo, a ser posible, también en Nueva Orleans.  

Puedes ver los videos de los cursos mencionados en la cuenta de las NOLA Chorus Girls en Facebook (@thenolachorusgirls) e Instagram (@nolachorusgirls).

Crédito imagen destacada: John A. Dixon (Instagram: therealjohndixon)

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Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

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