Historia, Otros

El jazz no tiene género: cuestiones sobre la escena en España

En 1978 se celebró en Estados Unidos el primer festival de jazz centrado en mujeres instrumentistas – el Kansas City Women’s Jazz Festival – con el objetivo de reunir al mayor número posible de mujeres que habían estado activas en el jazz durante las décadas acumuladas de historia. No fueron pocas las mujeres que acudieron, entre ellas leyendas como Mary Lou Williams o Marian McPartland (las dos mujeres de la famosa foto de «A Jazz Day in Harlem»). Ese mismo año España afianzaba su democracia con la Constitución que hoy conocemos, y una embrionaria escena de jazz estrictamente masculina.

En el episodio de finales de 1984 dedicado a la historia del jazz en España del legendario programa televisivo «Jazz entre Amigos» las mujeres aparecen solo de relleno, en ese ambiente de bar que el programa quería recrear. Los expertos en el tema entrevistados en el programa hablan además de un club de jazz madrileño en el que a determinada hora aparecen «señoritas», es decir, mujeres dedicadas a la prostitución como “broche” para rematar la jam o el concierto que hubiese habido aquella tarde en el club. No hay ningún otro tipo de mujeres en su relato.

Más allá de llevarme las manos a la cabeza, el dato me pareció interesantísimo, haciéndome pensar en cómo hemos cambiado. Y acto seguido no pude evitar preguntarme: ¿Cómo ha sido la experiencia de las primeras mujeres profesionales del jazz en España, que ahora seguimos con entusiasmo en nuestras cuentas de Spotify, Instagram, YouTube… y que arrancaron en los años 90 o a comienzos del nuevo siglo? ¿Cuánto hemos cambiado desde aquel reportaje de Juan Claudio Cifuentes, de nuestro querido Cifu? Estas cuestiones me surgieron esta primavera pasada cuando vi que surgía una polémica en Twitter en torno a un festival de mi provincia natal que ha presentado un cartel exclusivamente masculino para este 2021.

¿Y cuántas mujeres podemos contar que estén haciendo carrera como solistas, líderes de grupo, arreglistas… o como sideman (instrumentista de combo)? Vocalistas tenemos unas cuantas, en Caravan tenemos la suerte de contar con Itziar Yagüe en el equipo. Sin embargo, más allá de las vocalistas activas en la escena de jazz nacional, que tampoco son tantas, la instantánea del jazz en España sigue siendo bastante masculina, aunque también hay que decir que menos que hace dos décadas. A mí me interesa averiguar cómo está cambiando y hacia dónde vamos en este sentido.

Me ha surgido la inquietud de analizar la evolución desde esta escena de jazz que había cuando yo empezaba escuchar jazz en mi infancia, y el ahora, cuando en mi etapa adulta me aproximo a la escena del jazz de mí país para conocer qué está pasando y para escuchar su música. Al preguntar a las artistas me he encontrado con experiencias actuales o no tan lejanas contadas de primera mano, que me hace pensar que todavía hay aspectos que pulir antes de que el tema aquí tratado sea una cuestión estrictamente histórica: los prejuicios y el sesgo injusto de género parece que no se han superado del todo todavía, aunque la opinión de algunas de las personas con las que hemos estado en contacto para tratar este tema es optimista. Yo no quiero ser pesimista, solo quiero intentar dar un reflejo lo más honesto posible de cómo ha sido y es la escena de jazz en España en este sentido. Y esto es una reflexión abierta que se puede seguir afinando.

Durante la preparación de este artículo he estado en contacto con algunas de las profesionales del jazz en España, profesionales que están recorriendo festivales internacionales y que cuentan con una formación extraordinaria tanto dentro como fuera de nuestro país. Estas son algunas de las peculiaridades de ser mujer en un mundo de hombres (el del jazz) que han salido a flote en las conversaciones cuando les he preguntado por el tema:

La escasez de presencia femenina en los circuitos de jazz genera una energía muy masculina en las entrañas de la escena, especialmente en las jam sessions. «Cuando estás estudiando tocas con compañeros y compañeras por igual, codo con codo, pero cuando ya te lanzas a una carrera profesional, a la vida laboral, es más complicado porque al haber menos mujeres en los circuitos, la energía es muy masculina. Y no es algo que se haga de forma premeditada. Pero no hay equilibrio. Vas a las jam sessions, que en cierta manera son como una entrevista de trabajo, vas a que te vean, a relacionarte con otros músicos y comunicarte en el lenguaje que compartimos. La jam session es como jugar a un juego. Es como si estuvieras jugando al baloncesto y nunca te pasan la pelota porque eres bajito, por ejemplo. Esa sensación la he tenido muchas veces. Es más, a veces también he tenido que enfrentarme a opiniones super machistas del tipo “¡toca guay, toca como un pibe, eh!”», cuenta Lucía Rey en la entrevista que hemos tenido en abril de 2021.

Luchar contra el olvido

Otra cuestión importante es el olvido que han percibido en ocasiones. Olvido por parte de los formadores de opinión de que ellas también forman parte del tejido jazzístico de la escena al igual que lo son sus colegas hombres.

«Al principio de mi carrera profesional como músico de jazz sabía que no sería un camino fácil, por ser una música minoritaria y de escasa divulgación. Con el tiempo me he descubierto, a su vez, feminista, sin yo quererlo específicamente, al observar además que los referentes femeninos y que debería haber conocido desde el principio han sido ocultados u olvidados por una sociedad patriarcal. Mary Lou Williams, Geri Allen, Joanne Bracken, Eliane Elias, Tania Maria, Nina Simone, etc… deberían estar más presentes y visibles en las listas de grandes músicos de este estilo, y ayudar así a las niñas y mujeres que quieran dedicarse a ello, reflejando así nuestra sociedad, tal y como es, con hombres y mujeres (…) En mis inicios en nuestro país, cuando había pocas mujeres que se dedicaban a esto, Mercedes Rossy era una de ellas. Extraordinariamente talentosa, valiente e inquieta, músico de primerísima línea, yo quería seguir sus pasos, pero tristemente nos dejó muy pronto. Reconozco mi papel como una de las mujeres pioneras en el jazz de este país, a pesar de haber sufrido alguna vez el olvido en algún reportaje de todos los pianistas de mi generación. Pero yo no estoy muy a favor de que haya ciclos de sólo mujeres. Me gustaría estar como uno más, como un músico más que presenta su proyecto personal, con hombres o mujeres en su banda, no importa…», cuenta Elisabet Raspall en la entrevista que tuvimos el 21 de mayo.

Elisabet Raspall, pianista, compositora, líder de Elisabet Raspall Grup, entre otros proyectos

Otra cuestión importante, que yo misma como aficionada al jazz he tenido que pelear en las redes sociales: no existe tal cosa como el «jazz de mujeres». La música no tiene género. Cuando un combo de instrumentistas mujeres se une para hacer música, son músicos que se juntan para hacer música, sin más, sin necesidad de que haya que añadir coletillas estúpidas como «en clave femenina» al igual que a nadie se le ocurre decir «en clave masculina» de los combos íntegramente masculinos.

Si han existido combos y big bands íntegramente femeninas a lo largo de la historia ha sido por motivos diferentes al hecho musical en sí. Una de las claves de este tipo de fenómenos ha sido el evitar ambientes sexualmente hostiles o depredadores, o sencillamente encontrar la oportunidad de poder tocar y hacer música cuando los combos íntegramente masculinos han sido reacios a integrar a mujeres. Esto lo digo sobre todo en perspectiva histórica y universal del jazz, no ya como una particularidad del jazz en España…

Sin embargo, Elisabet Raspall nos cuenta que a este tópico se tuvieron que enfrentar ella, Carme Canela y Giulia Valle, el tiempo que estuvieron haciendo música juntas. «El enfoque del trío era el encuentro de tres músicos que nos apetecía tocar juntas. Lo que pasa es que luego se le dio este enfoque del tipo “ah, mira, en clave femenina” y nosotras siempre reaccionábamos diciendo “¡Nooo!”»

Giulia Valle, contrabajista, compositora, líder de combos como Giulia Valle Group o Giulia Valle Trío, entre otros.

Más equilibrio en el futuro

La opinión sobre al futuro es por lo general optimista. Por un lado, la actitud mas abierta de las nuevas generaciones en temas como la sexualidad, también se están trasladando seguramente al terreno del jazz, en tanto que las nuevas generaciones están más por la labor de romper esos moldes, superar esos prejuicios, piensa una de las entrevistadas.

Irene Reig, saxofonista, líder de combos como The Bop Collective o Irene Reig Trío

Según Beatriz Ortega, directora del festival Feminajazz en Madrid, «se está avanzando a pasos agigantados». Aun así, queda por hacer y por eso mismo decidió crear Feminajazz en 2019, un festival que «nació del estudio e investigación de las programaciones de reconocidos festivales internacionales en los cuales la programación femenina era muy escasa o inexistente. Tanto las artistas como el público han dado muy buena acogida a este festival y esperamos seguir hasta que deje de ser necesario, esperamos que sea muy pronto».

Tras tres meses de investigación solo he conseguido anotar unas 12-13 mujeres instrumentistas profesionales en mi listado, incluyendo a las más jóvenes que están empezando a aparecer en los medios y en las Big Bands profesionales. Un número tan bajo (que seguro que no recoja toda la realidad local algo más oscura de cada provincia) resulta paradójico si pensamos que en Europa, España se considera puntera en temas de igualdad. Pero quizás la explicación también se deba en parte al hecho de que el jazz es una música minoritaria.

Aún así, las instantáneas más recientes dan todavía que pensar, no ya sólo en la realidad de las mujeres profesionales del jazz activas, sino también en el papel de la educación. Las imágenes siguen siendo bastante predominantemente masculinas. ¿A qué se puede deber eso, más allá del hecho de que el jazz es una música minoritaria? Dejo la pregunta abierta, porque aún no he encontrado la respuesta, y además, el «ahora mismo» no es un momento definitivo. También podemos decir que se está formando cantera en conjuntos como la Clasijazz Valparaíso Big Band en Almería.

Por mi parte, seguiré escribiendo sobre las y los artistas que me gustan, con la curiosidad siempre activa, huyendo de la inercia patriarcal que tenemos todos – yo incluida – un poco instalada en nuestras cabezas.

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Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

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