Es personal

Hay que derribar el género (y no el musical)

Llevo mucho tiempo sin escribir para Caravan. Quizá porque el día a día me devora entre mil obligaciones (las que tengo de serie más las que me autoimpongo…) aunque seguro que algo que tiene que ver que, sinceramente, este no es un post que me apetezca mucho escribir.  Pero tengo que escribirlo, aunque no sabría ni por dónde empezar. 

¿Qué tal si empiezo por los festivales de verano? Eso siempre es un contenido fresquito, como bien sabe Rudy, que redactó esta guía bastante completa. 

Empiezo pues, por destacar que en el verano de 2021 veo todavía algunos carteles de festivales musicales en los que no aparece ni un solo nombre de mujer. Y esto pasa en todos los géneros musicales: festivales de jazz, de rock, de pop, de blues y en los que son un poco de todo y ná de ná también. Me hizo mucha gracia uno que dedicaron el verano pasado a Rossetta Tharpe en el que solo aparecía un nombre femenino de entre once… ¡ONCE! Festival dedicado a una artista que desafió la imposición del género en la música, a la que citan como referencia muchos músicos posteriores que SÍ tuvieron oportunidades que a ella se le negaron. ¿Alguien vería lógico que en un festival de blues dedicado a Robert Johnson sólo actuara un artista masculino? No me contesten. Ya sé que no. 

Lo pregunto absolutamente en serio: ¿de verdad hay tanta dificultad para encontrar proyectos liderados por mujeres? No hablo de cuotas, no digo que haya que aplicar la paridad para los carteles. Pero existen iniciativas como la de Arrasate Blues, donde siete de las diez propuestas cuentan con mujeres al frente de cada proyecto. Si lo ha conseguido un festival de una localidad de 22.000 habitantes en su tercera edición (pandemia incluida) quizá también esté al alcance de otros con más trayectoria y recursos.

Aunque tal vez hace falta más VOLUNTAD que recursos. E insisto en que no es cuestión de que haya tantas mujeres como hombres en los carteles, sino de que los proyectos que lideran mujeres, que sí los hay (aquí en Caravan hablamos mucho de ellas y con ellas) logren la visibilidad y las oportunidades y el reconocimiento que merecen. Promotores/as de festivales: pónganse las gafas moradas y verán cómo se entiende perfectamente lo que quiero decir. 

Y esto me lleva al siguiente punto. 

Llevo observando bastante tiempo que en las jam sessions a las que acudo como oyente y ocasional participante no me encuentro con artistas mujeres, salvo que sean, como yo, vocalistas. ¿Qué razón hay para ello, si en las escuelas de música y conservatorios hay alumnas matriculadas, si existen mujeres músicas que ejercen como sidewomen e incluso lideran sus propios proyectos? 

Me recuerda a aquello que pasa en las carreras STEM: que las cursan mujeres, pero luego esas mujeres no llegan a alcanzar puestos directivos en las compañías. Curioso, ¿no?

Mi idea es que en los entornos muy masculinizados (y una jam session tiene algo de territorial aunque no sea tan evidente) las mujeres (artistas, ingenieras, etc) no se sienten demasiado cómodas, al tener que “pelearse” su espacio, ya que nadie les cede un hueco si no lo piden o exigen. 

Es decir… que, por más que no exista esa voluntad de excluir a las mujeres, de forma inconsciente e inadvertida, esto ocurre: simplemente la situación no invita. Por eso mi propuesta para organizadores / as de estas jam sessions es que formulen expresamente invitaciones a sus compañeras, que seguro que las tienen. Porque, si se sienten bienvenidas, será más fácil que acudan. 

Por supuesto, hay quien piensa que las mujeres instrumentistas de nuestro país no están al mismo nivel artístico que los músicos hombres que acuden a esas jam sessions. O, dicho de una manera mucho más condescendiente: “ellas sienten que no están al nivel de una jam session como esta y prefieren ir a encuentros más friendly, donde no hay tanta presión”. Cito literalmente a un artista hombre (of course) que defendió así la ausencia de mujeres instrumentistas en ese evento cuando yo mostré mi sorpresa e incredulidad ante la situación. 

Me gustaría saber qué opinan artistas como Lucía Rey, Giulia Valle o María Toro de esto de los niveles. Y me gustaría saber por qué en un mundo que se supone tan moderno y tan libre de prejuicios como el del jazz aún pasan estas cosas. Debo añadir que en la era dorada previrus de las jam sessions de Madrid, donde más mujeres instrumentistas he visto ha sido en las jams de blues. Bateristas, pianistas, armonicistas, guitarristas mujeres. No tantas como hombres, pero iban y salían a tocar. 

En Jazzteiz, la asociación de músicos para la música que hemos fundado en Vitoria, insistimos mucho en esto: queremos dar visibilidad a los proyectos locales en los que participan o lideran mujeres y por supuesto, insistimos mucho también para que acudan y participen mujeres instrumentistas en las jam sessions: creemos que así es como se logra una escena musical diversa, rica y variada. 

Pero quizá esa es la pregunta. ¿Queremos una escena musical nacional diversa, rica y variada? ¿O queremos lo mismo de siempre para siempre? 

P.S. Remato el artículo citando las palabras de Isabel Díaz-Ayuso, presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, sobre la actuación de Plácido Domingo hace unas semanas en el Auditorio Nacional: “es un orgullo que esté en España”. 

Domingo fue acusado en 2019 por una veintena de mujeres de comportamientos abusivos en entornos profesionales. 

Repito: ¿queremos lo mismo de siempre? 

+ posts

Itziar Yagüe es periodista y consultora de comunicación en Presscode; cantante y compositora y aficionada al baile. Para ella, “el jazz es una hermosa ensoñación y el blues es la vida misma.”

Standard

Deja un comentario