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20 libros que tienes que leer para disfrutar «más» del jazz (y 2)

Estamos seguros que aún estáis enfrascados en la lectura de esos diez libros que os recomendamos en la primera parte de nuestro especial. Pero no hay tiempo para relajarse, porque antes de que termine el verano os queremos recomendar otros diez. Empezamos con la biografía de Jelly Roll Morton y terminamos con esos artistas que están reinventando el jazz en el siglo XXI. ¡Empezamos!

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20 libros que tienes que leer para disfrutar (más) del jazz

¿Recordáis lo que os contaba en Ikagai? Sí, eso que no solo me encanta escuchar, sino también leer jazz. Que cuanto más libros leo, más libros quiero leer. Y libros sobre jazz, aunque a España solo han llegado unos poquitos seleccionados, se han escrito a docenas.

En este artículo y en el próximo me propongo compartir con vosotros 20 de los que o bien he leído y más me han gustado, o bien aún no he leído pero desde luego tengo en mi lista de pendientes.  ¡Comenzamos con los diez primeros!

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Artistas, Historia

Dizzy Gillespie y la necrológica de Louis Armstrong

«Nunca antes en la historia de la música negra hubo un individuo que dominara tan completamente el arte como el maestro, Daniel Louis Armstrong». Así comienza la necrológica publicada por Dizzy Gillespie el 7 de julio de 1971 en el New York Times. Un día antes, el genio de Nueva Orleans, había fallecido a los 71 años de edad, a causa de un infarto de miocardio.

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Aint’t Misbehavin (Fats Waller y Harry Brooks)

Aunque Ain’t Misbehavin es un estándar compuesto por Fats Waller y Harry Brooks, fue Louis Armstrong el que la convirtió en un clásico universal en el estreno de «Keep Shufflin'» musical compuesto por el propio Fat Waller y que acabaría por consolidar a Armstrong y sus “Hot Five” / “Hot Seven” como uno de los artistas más importantes de su tiempo.

Tras las buenas críticas recibidas en el estreno del musical (en el que curiosamente ni siquiera aparecía en el escenario, sino que que tocaba en el foso destinado a los músicos), Armstrong se decidió llevar el tema al estudio un año más tarde, introduciendo por supuesto su propia impronta personal.

El éxito fue fulgurante pero curiosamente, aunque llegaron a grabarse más de 20 versiones diferentes del la misma canción, un año más tarde había caído en el olvido. No fue hasta mediados de los años 30 cuando el tema fue recuperado de nuevo, Duke Ellington mediante, en un curioso revival al que se sumaron las versiones de Jack Teagarden, Django Reinhardt, Paul Whiteman o Jelly Roll Morton, que llegó a interpretarla en la Biblioteca del Congreso.

Pero aunque el tema sobrevivió a la época de swing y de las Big Bands, la composición era demasiado clásica como para poder sonar “novedosa” una vez finalizada la segunda guerra mundial, por lo que pese a que Dizzy Gillespie llegó a grabar su propia versión en 1952, no volvió a convertirse en un éxito hasta 1978, cuando Hank Jones estrenó en Broadway un musical premiado con un Tony basado en la época dorada del jazz y que llevaba como título precisamente “Ain`t Misbehavin”

A día el tema no forma parte de la mayoría de los repertorios modernos del jazz, pero sin embargo, sigue siendo una composición de obligado estudio en las escuelas, especialmente para aquellos interesados en dominar el estilo stride de Harlem en el que Art Tatum era un maestro y su versión de este tema, una auténtica maravilla.

Versiones recomendadas

  • Louis Armstrong (julio 1929)
  • Fats Weller (1929)
  • Duke Ellington (1933)
  • Paul Whiteman (1935)
  • Django Reinhardt (1937)
  • Jelly Roll Morton (1938)
  • Art Tatum (1944)
  • Sarah Vaughan-Miles Davis (1950)
  • Johnny Harman (1955)
  • Hank Jones (1978)
  • Dick Wellstood (1986)

Letra

No one to talk with
All by myself
No one to walk with
But I’m happy on the shelf
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
I know for certain
The one I love
I’m through with flirtin’
It’s just you I’m thinkin’ of
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
Like Jack Horner
In the corner
Don’t go nowhere
What do I care?
Your kisses are worth waitin’ for
Believe me
I don’t stay out late
Don’t care to go
I’m home about eight
Just me and my radio
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
Like Jack Horner
In the corner
Don’t go nowhere
What do I care?
Your kisses are worth waitin’ for
Believe me
I don’t stay out late
Don’t care to go
I’m home about eight
Just me and my radio
Ain’t misbehavin’
I’m savin’ my love for you
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Temas

Playlist: las mejores trompetas del jazz…según Woody Shaw

Si alguien sabe lo que es tocar la trompeta, Miles David mediante, es sin lugar a dudas Woody Shaw. Shaw fue uno de los músicos de mayor talento y más innovadores de su generación, y a pesar de su temprana y trágica muerte (sufrió un atropello en el metro de Brooklyn), y aunque en los últimos años una enfermedad incurable en los ojos le dejase prácticamente sin visión, ha dejado un legado de enorme influencia en el jazz contemporáneo.

Por eso cuando uno se encuentra con el artículo «La historia de la trompeta del jazz…por Woody Shaw» escrito por el periodista Chema Martínez (Cuadernos de Jazz, 11-12-1993) en el que el genial música recomienda las que considera que son las mejores grabaciones que se han hecho nunca para este instrumento, merece la pena prestarle atención. Veamos qué recomienda Shaw para esta playlist tan particular.

1. Louis Armstrong: «Struttin’ With Some Barbecue» (Louis Armstrong and his Hot Five)

«Armstrong es una referencia en la trompeta, especialmente porque los músicos clásicos siempre han despreciado a los músicos de jazz, pero a él no le podían decir nada: su técnica era excelente y además tenía un tono hermoso. Todos los trompetistas que vinieron después imitaron su estilo».

2. Charlie Shavers: «Tenderly» (Billie Holiday, the first Verve Sessions)

«Hay uno (trompetista) que me gusta especialmente, sobre todo porque tenía un estilo propio e identificable a la primera nota, aunque no sé si mucha gente lo recuerda. Su nombre era Charlie Shavers () uno de los primeros trompetistas negros que tocó en la orquesta de la CBS».

3. Dizzy Gillespie: «A Night a Tunisia» (Dizzy Gillespie Septet)

«¡Qué voy a decir de Dizzy! Mi pieza favorita de todas las suyas es «A Night in Tunisia». Fue una de las primeras cosas suyas que oí, aquella grabación con Milt Jackson y Don Byas. Recuerdo que su solo me daba miedo, ¡Dizzy…vuela! Adoro el modo en que la toca».

4. Dizzy Gillespie: «Woody’n you» (The original Dizzy Gillespie Big Band»

«Estoy hablando de ‘un’ Dizzy cuando en realidad hay ‘dos’ Dizzys diferentes, el de los grupos pequeños y de la big band. Así que vamos a escucharlo de nuevo, ahora tocando en big band, en un estilo algo menos sutil pero muy espectacular».

5. Fats Navarro: «Our delight» (The fabolous Fats Navarro)

«Un amigo mío de California me contó que siempre que Fats llegaba a una ciudad, lo primero que hacía era recorrer las tiendas de música y compraba todo lo que pillaba de literatura musical para trompeta, y luego se pasaba la tarde practicando. Eso dice mucho de cómo vivía la música».

6. Miles Davis: «All the things you are» (The Miles Davis-Tadd Dameron Quartet in Paris)

«Pienso que una de las cosas que le gustaban a Parker (Charlie) de Miles (Davis) era su sonido que era, y continua siendo, algo único. Se suele decir que su técnica no estaba muy depurada por entonces: a los que dicen eso, les recomiendo que le escuchen en una grabación hecha en París en 1949 con Tadd Dameron. Suena igual que Fats Navarro. Pero el problema es que Miles se ha hecho tan importante que llega a abrumar».

7. Kenny Dorham: «Just one of those things» (Max Roach + 4 Feat Sonny Rollins)

«Un trompetista que vino de él (Miles Davis) es Kenny Dorham, un músico hasta cierto punto subestimado. Kenny intentó armonizar el estilo de Miles con el de Dizzy Gillespie-Fats Navarro. Fue mi amigo hasta su muerte y un músico al que aprecio sinceramente.»

8. Donald Byrd: «The end of a love affair» (Art Blakey’s Jazz Messengers)

«¡Me gusta mucho Donald Byrd! Ahora toca música comercial pero para mí sigue siendo de mis trompetistas preferidos. Sus solos tienen alma, tiene un gusto exquisito, no toca nada que esté fuera de sitio.

9. Lee Morgan: «A la mode» (¡¡¡Impulse!!! ¡¡¡Art Blakey!!!¡¡¡Jazz Messengers!!!)

«Lee es una de mis principales influencias, pienso que más que Freddie Hubbard y bueno…Lee tuvo una vida compleja antes de ser asesinado por su mujer. No obstante, le dio tiempo para tocar mucha y buena música»

10. Chet Baker: «My funny Valentine» (Gerry Mulligan Quartet)

«Chet tiene un sonido único, un estilo. Cuando oyes a Chet por la radio lo identificas sin problemas. Además su repertorio es más amplio de lo que se piensa…aunque pienso en Chet, pienso en My Funny Valentine sin dudas»

11. Maynard Ferguson: «Frame for the blues» (A message fron Newport)

«Otro trompetista discutido que sin embargo, es muy importante para mí. Maynard Ferguson instauró el concepto de la trompeta de big band. De él me encantan sus discos de los primeros 60.Aquella banda era monstruosa»

12. Clifford Brown: «Portrait of Jenny» (Clifford Brown with strings)

«Fue un gran trompetista, con una gran técnica y una enorme imaginación. Pero lo que distingue a Cliff del resto de trompetistas, era su tono, hermoso, profundo, cálido. Fue lo primero que me llamó la atención de él, no tanto su técnica. Podía tocar rápido como el que más, pero sabía que su fuerte era su tono».

13. Booker Little: «Man of words» (Out front)

«Booker era uno de mis trompetistas favoritos. Sus frases eran tan rápidas y precisas que me costaba trabajo creer lo que estaba escuchando. Hizo un álbum fantástico, «Out front» con Dolphy y Max Roach. ¡Adoro ese disco!

14. Freddie Hubbard: «Jodo» (Blue Spirits)

«De Freddie me gustan todos sus álbumes pero puestos a elegir, pienso que mi favorito es ‘Blue Spirits’ para Blue Note, sobre todo en «Jodo», donde toca a lo Coltrane. En realidad Coltrane no solo influyó en los saxofonistas, también en los trompetistas».

15. Woody Shaw: «Ginseng People» (Far Sure)

«De mis discos el que más me gusta es uno que grabé para Columbia, que se llama Far Sure! y aparezco en la portada muy serio, con gafas. La música que compuse para este álbum era casi visionaria, trataba de expresar mis propias raíces y las de mi música, desde África al momento actual, a mi hijo»

 

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After You’ve Gone (Turner Layton, Henry Creamer)

«After You’ve Gone» es uno de los standards más antiguos del mundo del jazz. Compuesta en 1918 por Turner Layton y letra de Henry Creamer, tanto la letra como el ritmo de las primeras interpretaciones entroncan directamente de ese blues lastimero marcado por el dolor y la pérdida. La letra que habla de llanto y ruina tiene sin embargo un mensaje si no de optimismo, sí de cierta esperanza: «cuando te hayas marchado, me iré de juerga, no me quedaré rumiando mis penas».

En los años 20 el tema fue popularizado por la cálida cadencia vocal de Bessie Smith y se hizo famosa en las versiones de Al Johnson, Sophie Tucker y Marion Harris e incluso Louis Armstrong incluyó a su repertorio la historia de esta mujer despechada. Hubo que esperar sin embargo a que Benny Goodman la convirtiese en un must de su Big Band para que el tema llegase a prácticamente cualquier lugar del planeta. Se cuenta en este sentido que incluyendo todas las grabaciones pirata, emisiones radiofónicas y filmaciones, Goodman acabaría grabando hasta 40 versiones diferentes, siendo la más famosa la que grabó en trío, con Teddy Wilson y Gene Krupa en 1935.

Pasada la segunda guerra mundial y con la llegada de los boopers, el standard experimentó un plácido y prolongado declive, con tímidas apariciones como parte de otras canciones en el tema «Come, gone» de Sonny Rollins o en el «Straight Life» de Art Pepper. Si hoy en día sigue siendo un tema relativamente popular se lo debemos entre otros a Woody Allen, que no solo la interpreta cuando tiene la ocasión de hacerlo, sino que forma parte de de la banda sonora de más de una de sus películas.

Una versión mucho más moderna y actualizada es la que en 1995 Nicholas Payton graba en 1995 para su proyecto «Gumbo Nouveau» en el que demuestra cómo se puede reconfigurar un clásico de 1918 y volver a ponerlo de plena actualidad en contraste por supuesto de la de un Marsalis que fiel a su orientación tradicionalista se limita a volver a interpretar la pieza de Layton tal y como fue concebida.

Versiones recomendadas

    • Marion Harris (1918)
    • Charleston Chasers (1927)
    • Bessie Smith (1927)
    • Louis Armstrong (1929)
    • Benny Goodman (1935)
    • Roy Elridge (1937)
    • Gene Krupa (1941)
    • Sonny Stitt (1959)
    • Nicholas Payton (1995)

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Artistas, Discos

Cómo comenzar a escuchar Jazz (II): Louis Armstrong, Billie Holiday, Charlie Parker

Si en nuestra primera entrega de «Cómo empezar a escuchar jazz»os hablaba de tres de mis artistas favoritos (Miles Davis, John Coltrane y Ornette Coleman) en este segundo capítulo vamos a hablar de tres de los grandes pioneros de este género musical: Louis Armstrong, Billie Holiday y Charlie Parker.

Como veremos a continuación, hay que esperar hasta los años 50 para descubrir los primeros discos de «estudio» al uso, por lo que en en su mayor parte, a lo largo de este artículo hablaremos re recopilatorios y grabaciones «sueltas» pensadas para la radio.

Louis Armstrong

The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings

Tras haber sido un intérprete destacado en los conjuntos de ese otro pionero que responde al nombre de Joe King Oliver, Armstrong desarrolla la primera parte de su carrera al frente de dos grupos míticos: «The Hot Five» y «The Hot Seven».

En esta época Armstrong se revela no solo como un virtuoso de la corneta, sino también como un cantante que no lo hace nada mal. Entre las grabaciones que han pasado a la historia en este periodo destacan «Potato Head Blues», «Muggles» o «West End Blues».

Como hemos indicado, no hay un único disco que recoja lo mejor de Armstrong en estos años y es fácil encontrar distintos recopilatorios que de forma parcial ofrezcan lo mejor de «The Hot Five» y «The Hot Seven». El conjunto de la obra ofrece sin embargo en estuches como «The Complete Hot Five and Hot Seven Recordings» que habitualmente incluye 5 CDs.

Louis Armstrong Plays W. C Handy (1954)

Tras pasar las dos siguientes décadas enrolado en distintas Big Bands, como por ejemplo en las de Erskine Tate y Carroll Dickerson (se dice que Armstrong llegaba a tocar más de 300 noches al año) y una famosa tournée que le llevaría a triunfar en los principales escenarios de Europa, habría que esperar hasta finales de los años 40 para decidiese a volver a los estudios de grabación con su nueva formación: Louis Armstrong and His All Stars.

A este periodo pertenece el ya álbum «Louis Armstrong Plays W. C Handy«.  Probablemente este es el mejor disco que graba Satchmo en la década de los 50 y tras la explosión de unas Big Bands que ya estaban en franca decadencia, supone una vuelta a ese estilo Dixieland que le había hecho famoso al principio de su carrera.

Ella & Louis (1956)

La colaboración con esa gran dama del jazz que responde al nombre de Ella Fitzgerald  alcanzaría su mejor registro en la grabación de 1956, «Ella&Louis». Primer disco del dúo grabado para Verve Records y con el acompañamiento del cuarteto de Oscar Peterson, incluye once de las baladas más famosas de nuestros protagonistas, grabadas todas ellas en un tempo lento.

Billie Holiday

Si difícil es recomendar un álbum propio de Louis Armstrong, mucho más difícil lo tenemos en el caso de Billie Holiday en el que sí o sí, no tenemos más remedio que remitiros a todos esos recopilatorios que incluyen sus mejores grabaciones.

A diferencia de Armstrong, que siempre estuvo bien conectado y pudo desarrollar una carrera estable, la vida de Holliday fue por decirlo suavemente, azarosa. Imprescindible resulta en este sentido, su autobiografía «Lady sings the Blues».

Como recopilatorio os recomiendo «Billie Holiday by Popular Demand», que incluye más de cuatro horas de grabaciones con sus mayores éxitos. ¿Grabaciones concretas? «All of Me», «I Can’t Get Started» y «Mean to Me», de esa primera época en la que combinaba su adicción a las drogas con la adicción que sentía por Lester Young.

Por supuesto, no podéis dejar pasar ese «Strange Fruit» del que ya os hemos hablado en Caravan o baladas como «Lover Man».

Charlie Parker

Nada mejor que sus grabaciones en directo muchas de las cuales hizo junto a su inseparable amigo Dizzy Gillespie para disfrutar del gran Charlie Parker. En este sentido, una buena introducción a este genio la encontramos en la película  de Clint Eastwood «Bird», considerada por muchos como uno de los mejores biopics de la historia del cine. Dicho lo cual, veamos tres grabaciones que consideramos imprescindibles para descubrir a este genio.

Bird and Diz (1952)

La intensa colaboración entre Charlie Parker y Dizzy Gillespie se plasmaría en el álbum de 1952 «Bird and Diz». A estas dos figuras, les acompañarían como parte del quinteto Thelonious Monk, Curley Russell y Buddy Rich. El resultado, una jam sessión inmejorable donde cinco músicos geniales, recrean, improvisan, solean y tocan a las mil maravillas. Bebop genuino, y con un repertorio absolutamente nuevo sacado de la chistera de un Parker en estado puro. Imprescindible.

Jazz at Massey Hall (1953)

Para la crítica especializada, este es el mejor concierto de la historia del jazz. En el Massey Hall de Toronto, Parker reunía en una noche única a intérpretes de la talla de Gillespie, Charle Mingus, Bud Powell y Max Roach.

Curiosamente, el concierto tuvo lugar al mismo tiempo que el combatede boxeo que enfrentaba por el título de los pesos pesados a la superestrella Rocky Marciano contra Jersey Walcott, por lo que el que era un hito del jazz de la época no tuvo demasiada audiencia.

Afortunadamente Charles Mingus grabó el concierto que llegó a ver a un Charlie Parker tocando con un saxo de plástico. Entre los temas que interpretaron, clasicazos como «All things you are», «Salt Peanuts» o «A night in Tunisia».

Charlie Parker with Strings (1949)

Uno de los grandes deseos de Charlie Parker, como amante de la música clásica declarado, era el de poder trabajar con una gran sección de cuerda. Apasionado por músicos contemporáneos como Igor Stravinsky, se lanzó en este terreno a un proyecto que se conoció como Third Stream, un nuevo tipo de música, que incorporaba tanto elementos de jazz como clásicos, en lugar de simplemente incorporar una sección de cuerdas en la interpretación de los estándares del jazz.

El resultado de este deseo se plasmó en 1949, cuando el productor Norman Granz se las arregló para que Parker grabara un álbum de baladas con un grupo mixto de músicos de jazz y de orquesta de cámara. El trabajo, que se dilató durante varios años, se plasmó finalmente en el álbum «Charlie Parker with Strings».

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Historia

Cotton Club: contrabando, mafia y jazz

En pleno Harlem, en la calle 125 con la 656W se erige el nuevo Cotton Club. Parada obligada para amantes del jazz y turistas que se dejan arrastrar por las calles de este otrora barrio sin ley, el nuevo Cotton palidece si lo comparamos con Cotton original, el mítico club que partía la pana entre 1923 y 1940.

Del primero, que se situaba a solo unas cuantas calles de distancia (Calle 142 con la avenida Lenox), quedan sólo algunos fantasmas, y ese espacio al que peregrinaba cada semana la creme de la creme de Nueva York, ha sido sustituido por un hotel.

Música y Ley Seca

Cuenta la leyenda que en plena Ley Seca, el campeón de los pesos pesados Jack Johnson puso en marcha su «Club Deluxe», un club nocturno semi clandestino, que tenía el noble objetivo de regar gargantas sedientas con alchol de contrabando.

Tan de contrabando era el alcohol y tan poco claros los negocios que se traía entre manos, que en 1923, tres años después de su apertura, el conocido gangster Owney Madden decidió que tras pasar una temporada en el centro penitenciario de Sing Sing, había llegado el momento de hacerle a Johnson una de esas ofertas «que no se pueden rechazar».

Tras una mano de chapa y pintura, nacía el «Cotton Club», una sala con aires de exclusividad que, sin embargo, tendría que volver a cerrar en 1925 precisamente por incumplir con la Ley Seca. Pero como el dinero lo arregla todo, una vez que se llegó a un «acuerdo amistoso» con la policía, volvió a operar con total normalidad. Nacía así una leyenda.

Lo que al principio era poco más que un antro con pretensiones, no tardó en encontrar un hueco propio en las noches neoyorquinas y pronto llamó la atención de las celebrities. Algunos de los parroquianos habituales incluían los nombres George Gershwin, Mae West, Irving Berlin, o Judy Garland entre muchos otros.

Y es que junto a su carácter semi clandestino, el Cotton se había ganado una justa fama de atraer a los mejores músicos de la época. Por el escenario del club de Madden desfilaron las Big Bands de Fletcher Henderson, Duke Ellington, o Count Basie. En una noche normal era habitual asistir a actuaciones de Louis Armstrong, Fats Waller o Willie Bryant. Eso por no hablar de auténticas divas como Billie Holiday, Lena Horne o Bessie Smith. Casi nada.

Un club para blancos, en el barrio más negro

El Cotton Club, era además de un sitio para ver y dejarse ver, un espacio «white only» que reproducía fielmente todos los estereotipos raciales de la época. Pese a que la mayoría de sus músicos, cantantes y bailarines eran negros, como público sólo podías cruzar la puerta si «no eras moreno».

Los artistas iban al club únicamente a trabajar y tenían prohibido mezclarse con la clientela. Una vez que su actuación terminaba, lo habitual era que se delizaran hasta el 646 de Lenox, en el que ahí sí, se montaban unas farras descomunales en las que se mezclaba whiskey de maíz, brandy y marihuana.

Y sin embargo, todos querían poder tocar en el Cotton. En primer lugar porque en los mejores clubs la situación era bastante similar (algunos prohibían a sus «artistas negros» el uso del ascensor y les obligaban a utilizar el montacargas) y segundo término, era de los que mejor pagaban.

Pero aunque por el club como hemos visto pasaban los mejores artistas, si sigue ocupando ese lugar privilegiado en la cultura popular es gracias a Duke Ellington.El «duque» fue «artista residente» en el Cotton desde el 4 de diciembre de 1927 hasta el 30 de junio de 1931 y buena parte de su fama se la ganó precisamente, gracias a las retransmisiones radiofónicas que se emitían en directo de sus conciertos.

Gracias a la confianza que se ganó con Madden, Ellington pudo experimentar con todo tipo de sonidos nuevos, que más allá de la actuación en sí de su banda, utilizaba en momentos de transición, aperturas, o acompañamientos y que finalmente, acabaría por incorporar a su propio repertorio. Se calcula que durante esos años y gracias a ese «trabajo extra», la Big Band de Ellington grabó más de cien temas completamente originales. En 1940, con Madden de nuevo en la cárcel y con unas Big Bands que ya no interesaban tanto al gran público, el Cotton cerró sus puertas.

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