Billie Holiday
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«Billie» y las otras historias de Billie Holiday

La autobiografía de Billie Holiday moldeada por William Dufty resultó un documento insatisfactorio incluso para el propio Dufty. «Lady Sings the Blues» es un historia censurada, incompleta, manipulada, insuficiente para quienes tienen interés en indagar en la “verdadera historia” de la diva afroamericana.

Pero al menos (en mi humilde opinión) es un libro con unas buenas dosis de dignidad y reivindicación que no pretende edulcorar completamente la narración de las injusticias raciales y de género que marcaron su vida, y en ese sentido, un interesante documento que testifica cómo fueron sus tiempos.

Al poco de terminarme ese libro encontré «New Orleans» en YouTube, la película en la que Billie Holiday actúa junto a Louis Armstrong, y me pude imaginar con un leve pellizco en el estómago, qué debían sentir estas profesionales del jazz cuando los papeles que les tocaban interpretar en la gran pantalla eran casi tan humillantes como las situaciones a las que se enfrentaban a menudo en sus batallas cotidianas en una sociedad racista, pensando también la “cruzada” de Hazel Scott en Hollywood.

Algo simplona y empalagosa tal vez, «New Orleans» también puede resultar agridulce para un espectador simpatizante con la figura de Billie Holiday. La primera vez que aparece Billie en escena es en delantal, regañada por tocar el piano y cantar en la casa donde trabaja. Pero luego su personaje se convierte en la cómplice ideal de la hija rebelde que se niega a limitar su experiencia musical y social a lo apropiado de la sociedad burguesa de entonces.

La reunión de Billie con Louis Armstrong y la banda de «ragtime» es el punto en el que culmina el mensaje de la película en su intento de ser un homenaje y dar un reconocimiento formal al valor de la cultura afroamericana y al jazz, un momento que compensa en cierto modo esa primera aparición estereotipada.

Aparte de la impronta que deja Billie Holiday de sí misma en el celuloide de la época, está el estereotipo de Lady Day, que gira en torno a ese retrato de femme fatale con personalidad adictiva y autodestructiva, malhablada, extrema, intensa. Visiones a menudo dictadas desde una óptica masculina con cero intenciones de hacer algo de autocrítica a su propio género.

Opiniones forjadas en mentes algo prepotentes y casi misóginas, como me resulta a mí la que expresa el pianista Billy Taylor con esa risa burlona y frívola cuando dice algo así como que «Billie siempre se iría a por el peor hombre de un puñado de hombres que hubiera en una sala», en el documental «Reputations» de la BBC, emitido por primera vez en 2001 y ahora disponible en Youtube.

Pero ese mismo documental recoge también testimonios muy interesantes y ricos en matices, guiados por un narrador que marca nítidamente el hilo conductor de la historia, siguiendo una lógica cronológica en su relato.

«Billie», el nuevo documental de James Erskine coloreado por Marina Amaral, recrea un retrato ambivalente de Billie Holiday a partir del trabajo de investigación de Linda Kuehl, periodista y profesora de instituto en Nueva York.

La historia se forja a través de las muchas entrevistas grabadas por Kuehl y de las notas tomadas por esta misma periodista para el esbozo de una biografía que intentase responder mejor a esa necesidad que sintió de saber quién fue realmente esa cantante de jazz capaz de transmitir tanto con su voz.  Pero ese proyecto desembocó en un final inquietante, con una explicación mucho menos satisfactoria de lo que la autobiografía redactada por Dufty fuese de la vida de Billie Holiday.

Sin voz en off de narrador, sino empleando exclusivamente los relatos surgidos en las entrevistas grabadas por Linda durante una década de investigación, a veces con un sonido opaco duro de asimilar para un oyente no nativo, en el documental se cierra el círculo con entrevistas a la propia Billie Holiday.

El resultado de este trabajo es algo así como un collage impresionista orientado a que el espectador lea entre líneas y saque sus propias conclusiones. A nivel estético, evoca un poco al estilo de hacer cine de David Lynch o de Francis Ford Coppola, recreando así también esa atmósfera densa de los años 70, complementada con las imágenes de archivo de las décadas de los 30, 40 y 50.

El ahínco y la resolución con los que Linda Kuehl se entrega al proyecto y esa forma de entrevistar apretando siempre los tornillos resulta fresca, interesante. Preguntas sin pelos en la lengua, sin lenguaje políticamente correcto, preguntas para indagar, indagar, por qué, por qué … En ocasiones esta resolución incansable – viniendo de una mujer joven y blanca – se topa con respuestas arrogantes, agresivas, machistas, generando unas conversaciones que penetran un terreno de arenas movedizas en el que las preguntas a veces acaban siendo incómodas.

El documental refleja voces muy diferentes, muchas de las cuales, pese a pertenecer a estratos sociales diferentes, producen un efecto alarmante similar con sus opiniones sensacionalistas. El proxeneta Skinny Davenport, con una risa perversa se jacta en la grabación del (mal)trato a “sus mujeres”; un tal Dr. Hamilton tacha a Billie Holiday de psicópata sin ningún tipo de reparo.

Estas voces disonantes encuentran su contrapunto en las visiones que va tejiendo la propia periodista en sus anotaciones. Su visión es un ejercicio de equilibrio en el que evita juzgar o sentir pena. Sus líneas argumentales parecen más bien un intento de empatizar con esa figura glamurosa y sensual que luego se precipitó en caída libre hacia la autodestrucción.

Este documental y el trabajo de Linda Kuehl también arrojan una visión nueva sobre el precio que Billie Holiday tuvo que pagar por no renunciar a «Strange Fruit»; por no renunciar a incomodar al espectador blanco en relación a la violencia racista de la que es cómplice con su silencio y su indiferencia. En este sentido, los líos de Billie Holiday con la policía y sus tiempos en la cárcel puede que tuvieran algo que ver con silenciar a esa “mosca cojonera” en la que se había convertido esta leyenda del jazz en su pleno apogeo.

 

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Raquel Rodríguez es traductora editorial de alemán e inglés y aficionada al Jazz

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