Creed Taylor
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El jazz pierde a Creed Taylor, fundador de Impulse! y CTI Records

Nos ha dejado Creed Taylor, una de las figuras más veneradas y respetadas en la historia del jazz. A sus 95 años nos dice adiós un hombre que lo ha sido prácticamente todo en esta industria. En una carrera que se ha prolongado durante más de medio siglo y 300 álbumes, para muchos, lo mejor de Taylor como productor era su capacidad para sacar lo mejor de los músicos de jazz en el estudio de grabación, con un instinto especial para ampliar el atractivo comercial de sus artistas sin por ello sacrificar su creatividad.

Visionario y gran impulsor de la bossa nova en Estados Unidos y Europa, Creed Taylor comenzó su carrera como productor musical en el sello Bethlehem en la década de 1950. Poco después ficharía por ABC/Paramount, donde fundó el mítico sello Impulse! en 1960, poniendo los cimientos de una casa discográfica que acabaría impulsando la carrera de artistas como John Coltrane, Sonny Rollins, Charles Mingus, Archie Shepp o Albert Ayler.

Antes de que Impulse! se convirtiera en la «casa de Coltrane», ficharía por Verve Records, sello que dirigiría en la primera mitad de la década, para acabar poniendo en marcha en 1967, su proyecto más personal: CTI Records. Por el sello pasarían nombres como los de Ron Carter, Eumir Deodato, Astrud Gilberto, Freddie Hubbard, Bob James, o Antonio Carlos Jobim.

Como contaría en una entrevista publicada por Record Colector en 2008, uno de sus principales objetivos era llevar el jazz a nuevas audiencias, de modo que junto a una producción cuidada al milímetro y un maravilloso arte de portada, a menudo convencía a los músicos de jazz para que ampliaran su repertorio interpretando temas pop o incluso, música clásica. «Quería hacer que un músico sonara bien para la gente que quizá no sea tan sofisticada en cuanto al jazz o la improvisación» aseguraba.

Por supuesto no todo el mundo (especialmente los más puristas) apreciaba ese nuevo sonido con el que Taylor impulsó la marca Verve en los años 60, pero que gracias a esto diese a conocer al público americano la bossa nova con discos como el maravilloso «Getz/Gilberto» de 1964, no tenía precio. Dicho de otra forma: sin Creed Taylor, la historia de la chica de Ipanema podría haber sido otra completamente diferente.

El músico que no fue

Nacido nació en Lynchburg (Virginia), el 13 de mayo de 1929 Taylor se crió en una granja cerca de White Gate, una pequeña ciudad a la sombra de las montañas Blue Ridge. Aunque la música bluegrass era por aquel entonces la que dominaba la mayoría de las estaciones radiofónicas, pronto se sintió atraído por las grandes bandas de jazz y de hecho, como contaría más tarde, a los diez años ya haría lo posible por sintonizar las emisiones nocturnas en directo que se realizaban en el Birdland de Nueva York. 

Su pasión por la música de artistas como Harry James y Dizzy Gillespie le llevó a tocar la trompeta en el instituto, donde acabó tocando en algunas bandas locales y su obsesión por el jazz era tan grande que a menudo hacía autostop hasta Roanoke (una ciudad a 75 millas de distancia), sólo para tener la oportunidad de poder escuchar a Benny Goodman, Woody Herman o Cab Calloway tocando en directo.

Tras dejar el instituto, Taylor pasó cuatro años estudiando psicología en la Universidad de Duke y siguió tocando la trompeta en una banda llamada «The Five Dukes». En 1951 fue reclutado por el Cuerpo de Marines y, un año más tarde, fue al frente en la Guerra de Corea. Tras completar el servicio militar, Taylor se dirigió a Nueva York. Ya no habría vuelta atrás. 

Y es que tras escuchar a músicos como Charlie Parker o Thelonious Monk en las jam sessions a las que asistía con regularidad, enseguida se dio cuenta de que nunca haría carrera como músico. Cambió su enfoque hacia la producción musical y el mundo, que había perdido un músico discreto en el mejor de los casos, ganó a todo un gigante de los estudios.

Su trabajo le ha valido en este sentido el reconocimiento de la academia, ganando numerosos premios Grammy, incluyendo reconocimientos por:Focus (Stan Getz, 1961), Desafinado (Stan Getz/Charlie Byrd, 1962), Conversations with Myself (Bill Evans, 1963), The Girl from Ipanema (Stan Getz/Joao Gilberto, 1964 ), Willow Weep for Me (Wes Montgomery, 1969) o First Light (Freddie Hubbard, 1972).

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Rudy de Juana es periodista tecnológico y apasionado por el jazz. También podéis seguirme en MuyComputerPro.com y en rodolfodejuana.com

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